17 julio 2011

relecturas

"(...)pero de pronto me sentí muy desvalido. Envidiaba la desenvoltura de aquel archivófilo para apoyar su mano. Sin duda, pertenecía a ese grupo de afortunados que, cuando se desplazan, basculan entre los cuerpos. Usan hombros o cinturas como asideros y de este modo atenúan el desequilibrio congénito de nuestra especie. No así yo. A mí no me fue dado el don de esbozar un gesto de afecto detrás de otro, un gesto correctamente elegido, que no parezca inseguro ni tampoco forzado. Mi mano siempre divaga y se retira antes de haber conseguido alcanzar el codo del otro, su espalda o su cadera. Manos en retirada soy, cuerpo en retirada, separado en medio del tráfago de cuerpos, porque no me enseñaron a besar las mejillas ni a aferrar antebrazos ajenos. No sé abandonarme, ni siquiera en el deseo, ni siquiera desvaneciéndome en ti. Yo entro en el deseo y tal vez descanso, pero en seguida se enciende un cerco luminoso, un resplandor naranja e intermitente que me incita a cruzar, a correr."


La escala de los mapas, Belén Gopegui

2 comentarios:

elereide dijo...

yo creo que si sabes abandonarte en ti...

ahhh dijo...

...a lo mejor es porque no me encuentro (je,je)
Gracias por tu comentario