05 enero 2007

A corazón abierto

La calle está muy transitada a esas horas de la mañana. Cientos de personas van y vienen ajetreadas, al trabajo o a la compra, encerradas en sí mismas; cientos de personas que se cruzan sin mirarse, como es costumbre y muestra de buena educación.

Pero Jorge tiene sólo diez años, es curioso por naturaleza, como todos los niños, y a él todo le llama la atención, especialmente, las personas con las que se cruza. Su mirada se dirige desvergonzada hacia ellos, más concretamente, hacia los corazones que los transeúntes llevan por fuera del pecho, corazones como el de su madre o el suyo propio, pequeño aún pero palpitante de vida. En el colegio le han enseñado que el corazón es un órgano muy importante, el más importante de hecho, y al mismo tiempo es también el más delicado. Necesita de la luz del sol y del aire fresco para mantenerse sano, por ese motivo no se lo puede encerrar y hay que llevarlo siempre al descubierto.

Lo que Jorge todavía no ha aprendido es que esto supone un problema, pues intentar proteger algo tan vulnerable y que está tan expuesto resulta bastante complicado. Además, también ignora que el daño más grande que se le puede inflingir a un corazón no es de tipo físico. Es un órgano tan sensible que reacciona de manera terrible ante unas malas palabras, una mirada hiriente o una risa irónica, produciendo un inmenso dolor.
Los adultos conocen muy bien esta fragilidad y por ello intentan protegerlo por todos los medios posibles, evitando mirar al corazón de los otros y escondiendo a los ojos de los demás sus propios sentimientos, esos que con tanta claridad se vislumbran si miramos dentro de tan delicado órgano. Así, las personas han intentado vaciarse poco a poco de todo aquello que pudiera resultar comprometido, de todo lo que delatara su estado de ánimo o sus preocupaciones ante cualquier mirada indiscreta.
Por este motivo, la incomunicación se ha ido convertido en el mal por excelencia de esta sociedad. Y todo ello debido al miedo, al temor a sufrir daño, aun sabiendo que para conseguirlo, han tenido que renunciar también a los grandes placeres de la vida; porque si el corazón es enormemente sensible para lo malo, también lo es para lo bueno. Pero esto último parecen haberlo olvidado todos.

Jorge aun no ha aprendido lo que es el miedo, por eso ríe y llora, se alegra y se entristece, se ilusiona y se desencanta. Por eso mira a los corazones de la gente y enseguida ve qué es lo que hay en cada uno de ellos. Eso, hasta que su madre le tira del brazo y le regaña diciéndole que no está bien que mire así a las personas.
Entonces Jorge se pone triste. Pero al momento, baja la mirada y se mira el corazón palpitante y lleno de vida. Y vuelve a sonreír.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Directo al corazón. Tan directo, que no hay ningún rincón al descubierto.

Anónimo dijo...

Sí señor, bello.

GLAUKA dijo...

Pero Jorge terminará como todos, escondiendo y protegiendo su corazón hasta que a veces pueda parecer que no lo tiene.
Con suerte, encontrará un muy reducido grupo de persona con las que airearlo, lo cual le permitirá seguir teniendolo fresco y libre.
(Bueno, igual abre un blog y allí lo soltará para que corretee libremente ;))
Besos.

Gwynette dijo...

Que pena que no miremos con ojos de niño y nos olvidamos de cuando veíamos las cosas que otros no ven !

Molt maco..

carinyets de Xofa

Anónimo dijo...

La mayor parte de las veces queremos proteger tanto el corazón, que no expresamos bien los sentimientos por temor a que nos hagan daño.
Yo soy partidaria de mostrarlo.
Un beso, Ahhh

Isthar dijo...

Qué historia tan absolutamente deliciosa :´)

Es cierto que al buscar proteger nuestro corazón caemos en el error de hacerlo impermeable a todo tipo de emociones, y cuidando de no recibir más golpes, evitamos también recibir cosas hermosas.

Es mejor sufrir y arriesgarse que perderse toda posibilidad de vivir intensamente.

Espero que Jorge no aprenda cosas que nunca deberían haberle enseñado. Para que siempre pueda seguir sintiéndose vivo y mirando directamente a los corazones de los demás.

Un texto realmente precioso, de verdad :*

Un abrazo muy, muy fuerte

mi despertar dijo...

Eso es vivir lo que estás haciendo...
soleil

Anónimo dijo...

¿Puedo lanzar un suspiro? Realmente hermosa historia y de aquellas que deberiamos guardar junto anuestros buenos propositos de este añoq ue acabamos de iniciar, mirar mas el corazón de quienes nos rodean y sentir como palpita el nuestro.

ahhh dijo...

Usuario anónimo: pero el corazón tiene tantos rincones....

Javi Herraiz: Muy amable, caballero ;-)

Glauka: Si, es muy probable que Jorge acabe por abrir un blog, (o escribir un libro), y puede que así se encuentre con sirenas de dulce canto que le atrapen...
Por cierto, ¿las sirenas llevan también el corazón por fuera del pecho?

Gwynette: Como se suele decir, las cosas las vemos dependiendo del color del cristal (o los ojos) con que se miran. Así, que elijamos la mirada que mejor se ajuste a nosotros.
Tu si que ets maca, "Carxo"

Valeria: Pues quitémonos la armadura y dejemos que el corazón respire aire fresco, y que los demás lo vean.
Un beso :-)

Ishtar: En tus últimos post hablas del corazón y la razón (pero no me he copiao el tema, ¿eh?, jeje). Seguro que tú eres como Jorge, y por eso no has aprendido a esconder tu corazón, ¡Felicidades!
Por cierto, me encantó la frase de Joseph Joubert, me la apunto para tenerla siempre presente.

un abrazo

mi despertar: bienvenida, si es la primera vez que pasas por aquí. Vivir es lo que hacemos a cada instante, aunque a veces nos parezca que no lo hacemos...

Belita: Suspira, suspira, je,je.
Espero que no le pase como al resto de los buenos propósitos que, al poco tiempo, caen en el olvido.


muchas gracias a todos y un abrazo de todo corazón (abierto)...

Anónimo dijo...

Me ha cutivado ...R
Recordé una cosa que me ocurrió
cuando era pequeña me puse la mano en el lado derecho de mi pecho cerca del hombro y salí corriendo "Mamá mamá estoy muerta, no tengo latidos..." que susto!
saludos, un post muy sentido!

ahhh dijo...

laonza: Gracias por tu visita, me alegra que te haya gustado. Vaya susto, sí, jeje. Es que lo buscaste en el lugar equivocado: lo llevabas por fuera y no te dabas cuenta :-)